Jasmín Cacheux

Escritora y Funambulista Emocional.

P o e s í a


  • Rocío de Mar

    La primera parte del Libro "Rocío de Mar" en formato .PDF con ilustraciones de Sheila Rocha.

  • Poemas Sueltos

    • Escafandra

      Escafandra.

      I

      Esa voz que sostiene el instante,

      casi como una fotografía,

      pero la fotografía es el triunfo del espíritu

      y el instante, el instante, es esa voz sin eco.

      II

      Me voy al mar a buscar tus ojos,

      ya no soporto un minuto más

      esta primavera sin ti.

      III

      Hay un aire urgente entre el rostro que no veo

      y el que tiembla en el espejo.

    • A ese aire que no soy

      A ese aire que no soy…

      Me gustan los ojos de mis ojos porque no entienden; tocan, comprenden. Locos, irracionales, atentos, cautivos, siempre entusiastas, en el punto que va al infinito y no regresa.

      Pequeños, entresijos sin por qué. Laberintos.

      Sí, me gustan los ojos de mis ojos.

    • Poema de otro

      Poema de otro.

      Aquella noche todo me salió mal, lo conocí.

      Viví en sus manos día y noche,

      conocí el caudal de la risa y los días sin puesta de sol.

      Me hice brasa en su cuerpo y lo asumí mi patria.

      Rompí mi nombre, dividí mi apellido,

      caminé la entraña y lo proscrito,

      me supe paso en su vereda.

      Quizá por la noche llegó la tarde,

      y ahí conocí el llanto en despedida,

      la sed eterna del cautivo,

      la derrota del caído.

      Aquella noche todo me salió mal,

      embarqué sin oleaje y me quedé

      naufrago de mí mismo, arena incómoda,

      piedra seca, exilio fortuito.

    • En la ventana.

      En la ventana.

      De pie, con las manos entrelazadas, Ella en la ventana. No hace falta. Sabe que será un instante, como hacer el amor, como el beso de despedida, como la primera mirada.

      Ver llover, sin hacer preguntas, sin tener respuestas. Ver llover con la misma esperanza de quien ama y acepta que ayer, no será mañana

    • A veces

      A veces

      juego a las escondidas

      con mis fantasmas,

      el problema es cuando ganan.

    • Una fotografía.

      Una fotografía.

      Escribir como una pregunta;

      escribir con la nostalgia en el mar;

      escribir con el mar y la nostalgia.

      Escribir -sobre todo- de esa fotografía

      Escribir -sobre todo- de esa fotografía

      que aún no encuentro.

      Escribir como una invocación, una revelación.

      Escribir para hacerme y deshacerme…

      y volver a empezar.

    • Este beso que me das.

      Este beso que me das.

      Cuando era niña pasaba el tiempo pensando en aquellas preguntas que no podía formular abiertamente ¿Por qué besar?, era una de ellas. El tiempo transcurrió y comencé a observar a las personas cuando éstas intercambiaban miradas y el paso siguiente era el beso. Tal vez fue el inicio del vouyer, pero había una curiosidad genuina por conocer el porqué llegaban al beso, qué caricia era que el deleite se reflejaba en los ojos, en los gestos, en las manos.

      Y así llegó a mi vida el primer beso... el segundo, el siguiente del siguiente, el sin número, el robado, el verdadero, el a destiempo, el concreto, el húmedo, el seductor, el que habla, el que encuentra, el que calienta, el que entibia, el que sumerge, el que come, el que muerde, el que truena, el que hunde, el que atrapa, el que grita, el que calla, el que ata, el que libera, el que sangra, el que calma... el tuyo, el mío, el nuestro; el de labios tercos, el cortito, el profundo, el que traga, el que avanza, el que no suelta, el que marca, el que cierra los ojos, el que abre los brazos, el que abre los ojos, el que cierra la puerta, el que apaga la luz, el que moja la piel, el que suelta las ganas, el beso que das... y que es sólo uno porque es en proporción de la persona que besas, del beso que besas al besar. Y hoy lo sé: la caricia inicial, la que dice, la que habla, la que deja, la que se queda rozando las pestañas... la que no provoca silencios incómodos es el acto en que dos bocas y el aliento se cobijan, coinciden, se humedecen, mientras la lengua danza a un sólo compás, dentro, de lado, pero con el aliento encadenado.

      Tal vez es tiempo que me plantee que no importa cuántas veces he besado sino que besar bien -besarme bien- no es posible, es el beso que nos damos, es el beso que es tu beso, que es el mío, que es tan nuestro, es el beso lo que damos, lo genuino y no lo supuesto.


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