Pienso en la fotografía

“Nunca miramos sólo una cosa; siempre miramos la relación entre las cosas y nosotros mismos.” John Berger

Pienso en la fotografía como un instante doble: el que transcurre fuera del ojo y el que discurre dentro de quién mira. En ese momento doble, como reflejo, concibo que se construye la unidad espiritual de quién hace la fotografía.

No creo en el ojo entrenado, porque si bien comprendo y asimilo la importancia del conocimiento de la técnica fotográfica, no hay libro alguno que determine cómo hacer de una fotografía, arte. Hay fotografías que muestran una realidad o una situación, un “algo” en particular, pero no son arte, el ojo es una ventana para asomarse a través de ella y ver lo que está. Sin embargo, existen fotografías que revelan y rebelan (como un acto de rebeldía), una realidad aparte, una emoción doble que sólo puedo nombrar con la palabra asombro. Esa sensación de la más profunda inocencia, ese descubrimiento genuino por lo que está o estaba desde hace mucho, pero tenemos la sensación de que acabamos de conocerlo y provoca (porque el arte provoca) una emoción, un golpeteo en el pecho, el bombeo acelerado de la sangre, una contracción, todo o nada en un sólo y único instante.

Aún no sé cómo decir que no concibo el arte sin libertad, sin la dosis indispensable de transgresión. Creo en que no puedo decirle a alguien cómo tomar una fotografía o cómo verla; en cambio, puedo decirle que si tiene miedo, se vuelque en su miedo y lo convierta en su aliado, tome la cámara y dispare, una y otra vez, nadie saldrá herido, eso es seguro. Es posible que con cada disparo, paradójicamente, alguna herida si no sana, al menos sea visible.

Finalmente, con palabras de John Berger: “Cada vez que miramos una fotografía somos conscientes, aunque sólo sea débilmente, de que el fotógrafo escogió esa vista, de entre una infinidad de vistas posibles.”

La imagen puede contener: nubes, cielo, exterior y naturaleza
Fotografía: Sebastião Salgado